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Los origenes: Practica Profesional Supervisada 2013


Catedra Psicología Clinica de adultos y gerontes. Facultad de Psicologia. UNLP.


NO MATARAS LA DEMOCRACIA


Autor: Carlos Segal | 24-09-2013

La historia argentina se escribió con sangre de inocentes. El 16 de Junio de 1955 no pasará inadvertido. Como Japón que soportó dos bombas atómicas. Para el resto de la Humanidad, es atacado dos modelos cultural, hasta cuestionando la democracia sectores de la Oligarquía apoyado por la venerada Iglesia y su espíritu golpista.

El común de los habitantes jamás sospecharía que ese fatídico día aviones de la armada alteraría el plomito cielo con un llamativo slogan en el fusible: “Cristo vive”, pasivos cruzan la histórica plaza, sorprendidos por la figura amenazante. Los hechos se suceden hasta develar la actitud política.

Para nada me exime describir lo que la memoria resuelve a partir de la posterior noche: confío en las retinas que han enfocado el honor. Comparto con mi hermano el ingreso al Parque Retiro, una vez dentro de ese mundo de falsa inclusión nos dirigimos al punto de reunión: el palacio de la risa; lugar preferido de convivencia para los ranchitos venidos de distintos barrios del Gran Bs. As.

Converger era más que una elección de juego, el objetivo resuelve el estado de indefensión que veníamos sufriendo, la calle se había convertido en potencial abuso de poder e inseguridad. El palacio nos protege de toda agresión. Con espíritu de niños alegres redoblamos el desafío al extender la red solidaria, respecto que no somos portadores de cara ni aceptamos la sentencia AMBROSIANA.

Mancillado por la fobia del cansancio y sus efectos colaterales de hambre y frío controla nuestra limitada existencia; sin embargo, nada nos detiene saber dónde pasar la noche, los vagones del Mitre, acogedores, venían cumpliendo esa función:

El serrano. Expreso del norte. Etc. Etc.

La evolutiva y ociosa mañana se llenó de gritos y risas en el otro coche-cama, hasta su traslado a nuestro vagón que, inoportuno delata nuestra presencia, alertando el personal de vigilancia quien actúa de inmediato, repartiendo castigo y detención.

El desalojo cruza los límites de abuso, se amplía la impunidad y sus efectos. Los gabardinas atacan organizados. La única vía de escape la ventana, saltar al vacío y exponerte a una posible quebradura. Correr por las vías hasta alcanzar los espacios libre de la plaza. Una vez al pie de la torre, entre espasmo muscular y dolor de pecho, crece la preocupación, el destino de los que han sido detenidos.

Siendo casi el mediodía, mi hermano decide alejarnos de la zona con destino Plaza de Mayo. Bajo protesta cargo el caballito de lucha. El vagabundeo se hizo notar por Alem. Cuanto el grueso del grupo se desprende camino hacia el Luna Park.

En cierta circunstancia solemos visitar la villa 31; todo un tema caminar por los angostos pasillos, desafiar el chapoteo de lodo hasta desembocar frente a la casilla de la “vieja Chalaca”, mujer que había envejecido demasiado pronto en la dura convivencia que le ha tocado vivir. Sufro encarar a la miseria. Yo sobreviviré al sometimiento de encierro del buen Pastor.

Dentro de su existente precariedad enfrentó los hechos cotidianos:

Así conocimos a la chalaca, exigente con la limpieza; en un tacho de hojalata preparaba el baño, con la áspera esponja natural soba la piel hasta que los gritos de dolor la detienen, luego de mudarnos de ropa, espera una suculenta comida caliente y el vaso de leche. Suele haber un reproche:

Recuerden! La pobreza no es un digno ejemplo. Pero… se puede llevar la cruz sin dolor. Lo inaceptable para una persona pobre es exhibir la mugre como un adorno. Jamás sucederá a mis chiquitos.

En tiempos reales seríamos los hijos que uno pudo parir, porque fuerzas multiplicadas en salas de tormento le han robado la esperanza. En estas cuevas de tortura dejó trozos de VIDA.

Creo que explica su obsecuencia y desborda en la aplicación de proteger lo que la vida le ha negado; el amor la expone verla llorosa repartiendo cándidas miradas, la mortifica nuestro rebelde alejamiento; sabe, porque lo ha vivido, lo fuerte del llamado de la calle como centro de vida.

Aprendimos a ser gorriones y volar con la prisa del viento, y la alegría de seguir siendo niños en la calle.

Imposible imaginar lo que vendría, ver los aviones en formación de ataque; recuerdo que los objetos caían en forma vertical a una velocidad impensada; la flagración vendrá después del agudo silbido, imágenes de horror penetran por mi retina, cuando la bomba impacta sobre el trollebús.

Cuando acudo al espejo la imagen que me devuelve es de un hombre que ha dejado en la plaza de los descamisados un niño temeroso, con la carga emocional de ser testigo ocasional.

Las bombas explotan, nuestros cuerpos caen y rebotan, y simultáneamente provocan dolor y sordera. El shock traumático nos lleva a un estado de inconsciencia; no obstante recorro el escenario con ojos llorosos; el olor a humo se transforma en una posible soga que ciñe el cuello hasta percibir la asfixia.

En esta controversia emocional veo hombres con brazalete blanco, empuñando arma de puño, y EN SU LOCA CARRERA DISPARAR a los aviones. Yacen en ese paisaje heridos y muertos. La efímera defensa de gobierno responderá la agresión.

Centenares de víctimas se sublevan quedar en el anonimato, fuera del castigo de todos los responsables, y que la historia tenga claroscuros.

Llevado por el instinto sigo tras de mi hermano, se detiene a metros de una camioneta combi que ardía, producto de haber recibido el impacto de una bomba; en la distancia alcanzo a percibir los cuerpos calcinados de niños Down. Conmovido retrocedo por el fuerte impacto. Hoy puedo construir con una visión más amplia y comprender de qué se trató.

El horror lo padezco AUN, INTUYO QUE…

La plaza del dolor quedó atrás, en cercanía de Retiro. Me encuentro en casa a la sombra de un sauce COPA, se aproxima mi madre con el diario en la mano, en primera plana la foto de la perrita reclamada por sus dueños, y el anuncio: cualquier dato será recompensado con la suma de $500.

Hijo, quiero saber que irás a hacer con el perrito?...

El hombre común espera que la historia hable.-

FIN.

Dispositivo Palabras que abren Puertas

Facultad de Psicología | Secretaría de Extensión

Universidad Nacional de La Plata - Argentina

Cátedra Psicología Clínica de Adultos y Gerontes

Equipo Responsable

Mariela Sánchez - Directora
Eduardo Suárez - Codirector

Anabela Bracco - Coordinadora - Psicología
María Luz Zanghellini - Coordinadora - Psicología
Verónica Bustos - Coordinadora - Periodismo
Gabriel Andrés Morini - Coordinador - Periodismo

Andrea Alejandra Avila - Articulación Territorial
María Nerina Zarranz - Articulación Territorial
Ana Paola Del Giorgio - Articulación Territorial